Dolor

Dolor

A través del ciclo vital, el ser humano —entidad biopsicosocial— tiene necesidades que debe satisfacer en cada una de sus etapas de crecimiento y desarrollo y al no satisfacción de éstas, origina múltiples y variadas respuestas, una de ellas es la sensación de dolor.

El dolor se refiere a la sensación desagradable que generas, que se percibe, se sufre y se acompaña de respuestas reflejas vegetativas y conductuales. Es un estado de alerta, un indicador de lesión o peligro en el organismo; es un síntoma común que da sentido a la existencia humana; es una manifestación con función protectora frente a agentes nocivos que permite su localización y, por consiguiente facilita su diagnóstico.

El umbral al dolor es el límite menor posible de perceptibilidad de una sensación. En cada individuo esta percepción es variable, según su estado físico, cultura, experiencias y expectativas. Ante esto, puede hablarse de dolor, no sólo físico, sino también anímico.

El anímico

20180303474550109

se interpreta como un sentimiento de aflicción producida por factores externos desagradables u hostiles (estrés, tabaquismo, cambio atmosférico, depresión, ansiedad, hipocondría). En ambos casos intervienen los sistemas nervioso central, nervioso periférico, nervioso autónomo y endocrino, y causan reacciones motoras y psíquicas.

Para determinar las características del dolor, debe considerarse la región afectada, sistema involucrado, cronología, intensidad y etiología. El dolor tiene múltiples clasificaciones. 

El dolor físico

Es producido por la estimulación de receptores nociceptivos o de nervios periféricos;

20180303896820103

Según la estimulación nerviosa:

  • Superficial, epicrítico o cutáneo: originado por estimulación de terminaciones nerviosas libres o nociceptivas en piel (quemaduras, abrasiones, laceraciones, piquetes). Es de localización precisa y delimitada (punzante, urente, opresivo o en oleadas).
  • Profundo: por estimulación nerviosa de músculos, tendones, articulaciones, fascia o aponeurosis (lesiones traumáticas, procesos inflamatorios, presión anormal o isquemia) o por estimulación directa en el tálamo e hipotálamo (emociones, alteraciones de la personalidad). Se inicia en vísceras y articulaciones.
  • Visceral: por estimulación de raíz o tronco nervioso relacionado con las vísceras, bloqueo de flujo sanguíneo, espasmo de músculo liso o elongación de ligamentos de soporte.
  • Referido: dolor visceral o musculoaponeurótico percibido en el segmento dermatomo correspondiente. Protopático difuso, mal localizado, sordo y en lugar distante del sitio donde se genera.

Según sus características y respuestas neurovegetativas importantes:

  • Agudo: dolor penetrante, de curso breve y relativa gravedad.
  • Cólico: dolor agudo originado generalmente en vísceras abdominales.
  • Continuo: dolor ininterrumpido
  • Crónico: dolor persistente, indefinido, de aparición gradual y se asocia con fatiga o depresión. Irradiado: dolor que sigue la disposición anatómica de una raíz o tronco nervioso. Lancinante o pungitivo: dolor punzante.
  • Opresivo: dolor violento con sensación de presión.
  • Urente: dolor quemante, ardiente.
  • Recurrente: con periodos de dolor y alivio.
  • Brusco o paroxístico: intenso y súbito o gradual, asociado con esfuerzo físico, por falta de alimentación, cambios bruscos de temperatura o actos reflejos. La respuesta inmediata determinada por un estímulo externo o interno que provoca un impulso que se transmite de un receptor a un efector se denomina arco o circuito reflejo. Las respuestas se manifiestan en acciones (comer, observar, estudiar, reflexionar, caminar, etc.), y en reacciones preventivas y de defensa (contracción muscular, flexión, extensión o estiramiento, oclusión, retracción, peristalsis y cambios en la circulación sanguínea, en la temperatura o en las secreciones).

El manejo de los síntomas y signos en la esfera del dolor neuropático, puede ser mejor orientado por cuestionarios o escalas que ayuden a diferenciar el dolor neuropático del nociceptivo, evaluar intensidad y respuesta al tratamiento.
Desde el punto de vista del dolor ocular, no hay acuerdo sobre la escala que podemos utilizar para evaluarlo.

Una de las más sencillas es la Escala visual de EVA (Escala Visual Análoga). Está indicada para medir intensidad del dolor.

201803031689607120

Existen escalas de despistaje que se han desarrollado y han sido validadas para la identificación del dolor neuropático en general. Debemos entonces usar algunas de estas escalas y adaptarlas a la esfera oftalmológica.

Todas las escalas están basadas en la confianza de los reportes verbales de los descriptores del dolor, lo cual contrasta significativamente con los enfoques diagnósticos tradicionales, en los cuales se le daba mayor importancia a los signos derivados del examen físico.

Si esta información es de tu agrado no olvides regalarnos un like a la página #YoAMOEnfermería y compartir para que llegue a más personas 

Comentarios

comments

2 Comments

  1. Anónimo 21 abril, 2018
  2. Yesenia 20 abril, 2018

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: